Bitácora Cosmocápsula

Revista Colombiana de Ciencia-ficción

Ocho apuntes desordenados tras leer el número cero de Cosmocápsula

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por:  Campo Ricardo Burgos López

Acabo de leer el número cero de Cosmocápsula, la primera revista colombiana de ciencia ficción correspondiente al mes de Agosto de 2009. Como toda revista, en ésta también encontramos una cierta variedad de materiales (en concreto, dieciséis textos),

y en ellos hay de todo: colaboraciones destacables, otras solamente correctas y unas cuantas olvidables. Quisiera solamente señalar las primeras, pero antes, me gustaría apuntar que el mero hecho de la aparición y la existencia de esta publicación ya es algo resaltable, esto porque en un país donde al establishment literario poco o nada le importan la literatura fantástica o de ciencia ficción, es digno de encomio crear un espacio para el encuentro de todos aquellos que sí están interesados en el asunto. Mencionemos entonces, algunos aspectos y textos sobresalientes en este número.

1) La carátula es graciosa. Según nos informan en los créditos, es una ilustración de Simón Wilches titulada “Ellos conquistaron América”, donde se observa al típico estereotipo visual del extraterrestre y a los típicos ovnis tomando posesión de lo que bien podría ser una costa de la América Latina en la época del descubrimiento y las primeras exploraciones en su territorio. El extraterrestre mira al lector apuntándole con su obvia pistola de láser en una mano y sosteniendo en la otra un estandarte muy similar al que la iconografía ha consagrado de la mano de Cristóbal Colón. A mi modo de ver, la portada es un acierto, en tanto de alguna manera se burla de esa iconografía canónica alrededor del descubrimiento de América y además le mezcla ovnis y extraterrestres (otra iconografía canónica de la era contemporánea). La ilustración de la carátula no sólo nos recuerda de entrada que la ciencia ficción y la literatura fantástica son por naturaleza juguetonas, sino que una de sus líneas fundamentales consiste en tomar la historia como un juguete (base de ese género tan curioso que es la ucronía). En síntesis, la ilustración de Wilches es una oportuna ucronía visual para esta Cosmocápsula que de algún modo, y más en un país como el colombiano, también es un explorador poniendo pie en tierras desconocidas.

2) Oportunas son también dos afirmaciones que se hacen en el artículo Ochenta años de la novela de ciencia ficción en Colombia de Dixon Acosta. Se dice allí que hace ochenta y un años, cuando apareció Una triste aventura de catorce sabios de José Félix Fuenmayor, la obra pasó desapercibida y que hace un año, cuando se cumplieron los ochenta años de la publicación de esa obra, la efeméride volvió a pasar desapercibida. Del artículo de Acosta es fácil inferir que, en estos ochenta y un años de ciencia ficción colombiana, el género continúa caracterizado por ese “sello subterráneo” que pareciera insuperable. Pero no importa, lo esencial es que aun cuando la ciencia ficción y la literatura fantástica colombianas continúan siendo un país subterráneo, ese país no ha desaparecido. Literatura fantástica y ciencia ficción colombianas son como los topos que no se ven en la superficie, pero allí están bajo tierra; el hecho de que no sean visibles a simple vista no significa que no existan.

3) Que la ciencia ficción es una cuestión de oficio, lo prueba que el mejor texto de este número de Cosmocápsula es Xelajú del costarricense Iván Molina Jiménez, esto porque no es casual que un texto tan bien elaborado provenga de un autor de quien luego se nos informa (en la reseña de su libro Venus desciende. Relatos de ciencia ficción), que lleva por lo menos veinte libros encima. Xelajú es un relato acerca de un planeta Tierra donde una corporación privada se ha apoderado de todas las palabras en todos los idiomas y con ello consigue anular la libertad de expresión por cuanto, de modo literal, la gente debe pagar para poder hablar o escribir. Ante esta situación surge un movimiento denominado “Ejército de Liberación de la Palabra” que pretende, mediante la liberación de un virus electrónico denominado “Xelajú”, destruir la referida corporación y, literalmente, hacer que la gente recupere las palabras tanto para hablar, como para escribir. En el cuento de Molina se vuelve sobre el motivo del control total del lenguaje que de modo clásico ya había mostrado 1984 de Orwell, con la diferencia que tal control del lenguaje no lo hace el estado, como ocurre en la referida novela inglesa, sino que es ejecutado por una corporación privada. Por otra parte, ese mundo de Xelajú, de algún modo es el nuestro donde, si uno se fija bien, no dejan de aparecer ciertas fuerzas estatales o privadas que pretenden que los únicos modos de expresión válidos sean aquellos que suceden dentro de ciertos modos, estilos y cauces; en ese “Ejército de Liberación de la Palabra” bien podemos reconocer a los verdaderos escritores quienes, al expresarse en un lenguaje distinto al fosilizado que usa la generalidad del ciudadano de a pie, no sólo están liberando al lenguaje, sino también al pensamiento y, en último término, al hombre. Xelajú es una advertencia acerca de tantas entidades públicas y privadas que, a la corta o a la larga, quieren encadenar al lenguaje y de cómo sólo una expresión “políticamente incorrecta” (un virus) puede contribuir a liberarlo.

4) Es también curioso el cuento Mal de luna del peruano Carlos Saldívar. Es éste una ucronía acerca de un Neil Armstrong que, como el de nuestro universo, también llega a la Luna, pero se encuentra con la sorpresa de que tal satélite sí está habitado por una presencia maligna. Como resultado de tal hallazgo, el ser humano no vuelve a visitar la Luna a partir del 20 de julio de 1969. En este relato, lo que llama la atención es que no es el hombre quien conquista al espacio (expresión cliché que desde esa época ha hecho carrera), sino que “ el hombre fue conquistado por el espacio” (Cosmocápsula, #0, p. 39). De este modo, cuando el relato invierte los términos de formulación del lugar común ya señalado, abre una veta significativa que, por desdicha, no explora.

5) Otro texto eficaz es El experimento de Henry Fernando Rugelis (Gestapó). Se plantean allí las historias de unos sujetos condenados a no morir, los sujetos reencarnan y reencarnan repetidas veces y ni siquiera suicidándose pueden librarse del karma de tener que renacer. En cierto momento, cumplido cierto requisito, a los sujetos se les permite morir de una vez por todas y ya no tener que estar renaciendo de modo incesante. El experimento es interesante porque, en medio de una cultura como la nuestra donde todo el tiempo se pregona lo contrario, nos recuerda que morir también es un don, un regalo que uno debería saber agradecer.

6) En su reseña sobre ese libro indispensable de la literatura fantástica colombiana que es Contemporáneos del Porvenir donde René Rebetez fue el compilador, David Pérez se pregunta por qué en una antología que pretende ser de ciencia ficción, Rebetez no sólo incluyó cuentos de ese género, sino que también introdujo textos que pertenecen a géneros como la fantasía y el realismo mágico. Yo puedo responderle. Varias veces escuché a Rebetez decir que él nunca creyó en una definición estricta entre la ciencia ficción y otros géneros fantásticos, que –de hecho- para él no había línea divisoria clara entre la ciencia ficción y la literatura fantástica. Así pues, la inclusión de cuentos fantásticos y de realismo mágico, al lado de los de ciencia ficción, es una consecuencia lógica de la postura de Rebetez sobre este asunto.

7) En el número cero de Cosmocápsula, encontramos también algunos “poemas de ciencia ficción” de Antonio Mora Vélez, sobre ellos sólo anotaré lo que he dicho en otros momentos y es que esa es una apuesta muy particular de este autor, de la cual sólo el tiempo nos dirá qué tan apropiada o no es.

8 ) Por lo demás, quiero extender mi felicitación a David Pérez y a quienes le apoyan en su comité editorial; la ciencia ficción y la literatura fantástica colombianas necesitan espacios como éste. Me alegra que internet posibilite una revista como Cosmocápsula, que permite nuclear a los aficionados a los géneros fantásticos en Colombia, y al mismo tiempo conocer a otros autores del exterior. Puede ser que en las primeras ediciones de Cosmocápsula, se filtren algunos errores y algunos textos olvidables, pero eso es normal; al fin y al cabo, una publicación es una entidad que se va autocorrigiendo con el paso de los sucesivos números. Ojalá tengamos Cosmocápsula para rato.

Bogotá, Octubre de 2009.

Revista Papirando 6. Especial Monstruos – Octubre de 2009

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Reproducimos esta información por solicitud de Pablo Lorenzo, editor de la revista Papiriando. El texto a continuación es totalmente de su autoría.

Papirando 6 (Tapa)

Pablo Lorenzo COORDINADOR
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… la imagen de tapa es de Giuseppe Arcimboldo, el exponente más grande del manierismo, el rostro es una especie de monstruo gestáltico hecho con seres marinos, ese mar que es fuente de horrores ocultos como puede dar cuenta H. P. Lovecraft. La apertura de la revista le corresponde por constancia y trabajo a Liliana García con “Un Monstruo en el armario” (Pág. 2) un buen breviario y aclaración que estamos tocando temas que se han mencionado más genéricamente en anteriores ediciones, pero se encarga de mostrarnos la línea rectora del origen y algo de la bibliografía de lo monstruoso con una visión clásica que ayuda en mucho; la inefable chus canal, nos envió un micro bastante simpático bajo el título de “Monstruos Humanos(Pág. 3); a partir de acá salvo algunas excepciones los monstruos empiezan a hacerse familiares, como es el caso del marido de Mercedes de “Ragout de cordero” (Pág. 4) escrito por Jorge Eduardo González, que dota al cónyuge de unas características despreciables y uno vislumbra una liberación al final de este cuento; otra Mercedes, esta vez un personaje de Manuel García Sánchez en “A solas con un muerto” (Pág. 7), no parece tener nada de monstruoso salvo la gigantesca presencia de la muerte que ronda por todo el relato; un conocido de la revista Marcos Polero y su buena pluma da rienda suelta al más detestables de los monstruos argentinos “Sin Confesión” es aberrante por la hipocresía militante -nunca tan bien puesto ese adjetivo- del autoengaño y la obcecación moral, lean este cuento en (Pág. 9) y después me cuentan; qué decir de Iván Medina Castro y su “Apertura Petrovka” (Pág. 11) un tipo fuera de serie que nos invita a pasear por lugares extraños, esta vez por Rusia, con un dejo filosófico en sus textos y una clara alegoría lúdica ajedrecística tipo Ingmar Bergman, y sí, nada que ver con los monstruos, pero leerlo fue como ir de viaje otra vez; El Rincón Hoja En Blanco dirigido por Liliana García se vistió de espanto para la ocasión y publicó dos poemas de José Tadeo Tápanes que tienen que ver con el tema “Hechizada” y “Vampiro” (Pág. 14); y nos vino una joya desde Alemania el “Bestiario” homenaje a Christian Morgenstern de Ricardo Bada (Pág. 15) que fue lo que más me gustó por sus características de uniones sólo posibles en la palabra y la imaginación, también por el fino humor que encierran algunos términos, para no perdérselo, además de los excelentes gráficos que consiguió el diagramador (su poco humilde servidor); Rubén Martín nos envió “De un maniático obsesivo” (Pág. 16) cumplió la consigna del género otorgando un toque de humor, siéntese en el diván y léalo; lo de Salmorelli es para sacarse el sombrero con “Falsa ternura” (Pág. 18) nos lleva al formato del cuento con impacto final y a un monstruo inesperado y aborrecible; otra entrega parcial del libro “Patagonia” en esta ocasión el poema “Paradoja” de nuestra ya habitual subscripta Silvia Lopez (Pág. 20); agregué a último momento un texto de Fernando Rosso, “Marcos avanza” (Pág. 21) un encuentro especial entre dos personajes con cuentas pendientes, un buen texto para leer con atención; por último viene un relato mío “Donde habita lo monstruoso” (Pág. 22) un intento de llegar a la raíz del término.

Mi reflexión final es que se viene superando en mucho la calidad de los textos, en el proceso hubo que dejar mucha gente afuera que no necesariamente carece de valor. El próximo número (7) será Papirando Ciudad, dedicado a la literatura urbana, invitamos a todos los escritores a mandar sus colaboraciones a lorenzopablo10@yahoo.com.ar estén o no encuadradas dentro de esa temática.

C. Pablo Lorenzo

Coordinador Literario – Editor

lorenzopablo10@yahoo.com.ar

http://tallerliterariorg.blogspot.com/

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Reseña: “Antología del cuento fantastico colombiano”. en Velero25.net

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Reseña: "Antología del cuento fantastico colombiano". en Velero25.net

 

COLOMBIA: UN UNIVERSO FANTASTICO EN CIERNES

 
Cuando uno encuentra una edición de cuentos ligados a la fantasía, la ciencia ficción o lo sobrenatural proveniente de un país del cual se dice que no tiene una gran producción de relatos o novelas del género, las emociones que convoca dicho hallazgo son indescriptibles. Colombia es cuna de una gran mitología, de una tradición fantástica comparable a la peruana. Véase por ejemplo el libro: Mitos colombianos de Javier Ocampo López (El Áncora Editores: Bogotá, 1988), en el cual se presentan diversas tradiciones y leyendas fantásticas de ese lado del globo. Siempre ha habido fantasía en Colombia, la hay en estos momentos y la habrá en un futuro próximo, pues lo autores continúan surgiendo como brotes de semilla en un jardín, eso es una gran verdad. La producción literaria en este género gracias a la Internet ha tenido una difusión bárbara y fácilmente podemos asistir a la contemplación de tantos y tantos textos que nos han fascinado y fascinarán en el futuro próximo.
 
 
Leer reseña completa aquí
 
 
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Reseña: Contemporáneos del porvenir. Primera antología colombiana de Ciencia-Ficción

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Reseña: Contemporáneos del porvenir. Primera antología colombiana de Ciencia-Ficción

Comtemporáneos del porvenir

 

REBETEZ, René. Contemporáneos del porvenir. Primera antología colombiana de Ciencia-Ficción. Planeta Colombiana Editorial. Santafé de Bogotá, 2000. 157 p.

 

 

 

 

Contemporáneos del porvenir es una antología de ciencia-ficción colombiana compuesta principalmente por cuentos cortos, a los que se suman tres poemas también pertenecientes al género de la CF.

El libro se inicia con una introducción escrita por René Rebetez en la que habla de la relevancia de la Ciencia-ficción en la sociedad y en la literatura universal argumentando cómo este género permite abrir los horizontes mentales de modo que las personas puedan mirar de forma distinta el presente y reflexionar sobre él, así como proyectarse los posibles panoramas que pueden materializarse en un futuro. Da también una definición de lo que es la Ciencia-ficción y posteriormente explica los motivos que dieron origen a la antología y de cómo se dio la selección de los textos:

Los escritos provienen de dos fuentes. La primera de ellas es el primer concurso colombiano de relatos de Ciencia-ficción “Bogotá, una ciudad que sueña” realizado en 1997, del cual Rebetez fue uno de los jurados. Los relatos ganadores del concurso, seis en total, fueron publicados en el libro “Cuentos de Ciencia ficción” en 1998. Mas el antologista, según lo expresa en la introducción, sintió la necesidad de sacar a la luz otros relatos participantes que no fueron premiados y que constituían un valioso material literario que de otro modo tal vez hubiese permanecido inédito. Curiosamente esta antología parece haber llegado a ser mucho más conocida y difundida que el mencionado libro con los relatos galardonados. La segunda fuente es el conjunto de autores colombianos que habían hecho ya importantes aportes a la literatura colombiana de ciencia-ficción y de fantasía como María Castello, Antonio Mora Vélez y el mismo René Rebetez quien falleció poco antes de ser publicada la antología.

Los relatos se caracterizan por un estilo particular muy distinto del de la Ciencia-ficción anglosajona o, en general, de la no escrita originalmente en español a la cual muchos estamos acostumbrados. Están llenos de un estilizado manejo del lenguaje que toca a veces con lo poético al tiempo que impregnado en ocasiones de vocablos regionales. Sus perspectivas pasan por lo cómico, lo apocalíptico y lo insólito; sus situaciones y lugares refieren a los locales, a los colombianos, lo cual produce en el lector un sentimiento de familiaridad, tal vez de extrañeza al sentirlos tan cercanos viniendo de un género literario con tan escasa difusión en Colombia (cosa que está cambiando, por supuesto).

En general, las temáticas se enmarcan dentro de las ya conocidas en el género de la CF. Poniendo algunos ejemplos: el primer encuentro con un ser extraterrestre en El encuentro cercano de Juan Matías de Juan Manuel Camargo González;  la ucronía en El asunto García, de Orlando Mejía Rivera; la distopía  en Error de apreciación de Antonio Mora Vélez y en Rocky Lunario de René Rebetez; los viajes en el tiempo en  Los espeleolólogos, de Luis Guillermo Gómez y el desplazamiento o enfrentamiento entre el hombre y la máquina en Sacrificio de dama de Julio César Londoño y Campesinos de Jaime Lopera.
Sin embargo, unos pocos textos incluidos no podrían identificarse fácilmente dentro de esos marcos dado que pareciesen pertenecer más bien al género de la fantasía y al realismo mágico. Cabe hacerse la pregunta de por qué Rebetez los incluyó, y es tal vez un buen ejemplo de las divergencias que pueden encontrarse al tratar de definir qué encaja o no dentro de la ciencia ficción. En esta categoría se encuentran, por ejemplo, La Princesa Arcais de Juan Carlos Moyano, relato que se desarrolla entre príncipes y  halconería en un mundo fantástico y El Citrato del Caribe, de Enrique Ogliastri, que refiere a las pintorescas creencias populares que le dan ese aire de magia a la costa Caribe colombiana. No obstante, es de remarcar la buena calidad de este grupo de relatos y que, al igual que los otros, son de mucho agrado al lector.

Este libro es de gran importancia para la historia de la ciencia ficción colombiana. Reúne piezas representativas de las distintas épocas de este género literario en el país poniendo en un mismo lugar a varias generaciones de escritores, además de incluir diversos subgéneros y perspectivas. Sin lugar a dudas un tesoro que los aficionados colombianos no deberían dejar de leer y con el cual los amantes del género de cualquier otro país podrían introducirse con una vista panorámica dentro de la ciencia ficción que se escribe en Colombia.

 

 

 

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